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nico vera
Blog · Precios

¿Cuánto cuesta una página web en Chile?

Es la primera pregunta de casi toda conversación y la más incómoda de responder, porque la respuesta honesta empieza con «depende». El problema es que «depende» no le sirve a nadie que está tratando de decidir. Así que en vez de un número suelto, acá va el mapa: por qué el rango es tan ancho, qué estás comprando realmente en cada tramo y qué preguntar antes de firmar.

Por qué el rango va desde $100.000 hasta varios millones

Si buscas precios de páginas web en Chile vas a encontrar desde unos cien mil pesos hasta presupuestos de siete cifras. Las dos puntas son reales. Lo que cambia no es tanto el precio como qué se está vendiendo bajo el mismo nombre.

«Página web» describe cosas muy distintas. Una landing de una página, hecha para que te encuentren y te escriban, es trabajo de días. Un sitio corporativo con varias secciones, blog y posicionamiento bien hecho es trabajo de semanas. Una tienda que procesa pagos reales, o un sistema que ordena por dentro el trabajo de tu negocio, es trabajo de meses — y no deja de tener costo el día que se publica.

Hay un segundo factor, menos evidente: buena parte del precio no está en lo que se ve. Está en cuánto demora en cargar, en si los buscadores entienden de qué se trata, en si puedes editarlo sin llamar a nadie, en qué pasa cuando algo falla un domingo. Dos sitios pueden verse casi iguales en la pantalla y haber costado diez veces distinto por lo que hay detrás.

Qué obtienes realmente en cada rango

Gama baja: plantillas y sitios genéricos

En el tramo más bajo lo que se vende es configuración, no construcción: una plantilla comprada, un tema prearmado o un constructor de arrastrar y soltar, con tus textos y tus fotos encima. El trabajo real son horas de ajuste.

No tiene nada de malo, y para algunos negocios es la decisión correcta: si necesitas existir en internet esta semana y el presupuesto es ese, es mucho mejor que no tener nada. Lo que conviene saber es qué estás aceptando a cambio. El sitio se va a parecer a otros miles, va a cargar código que no usas —lo que se nota en velocidad, y la velocidad se nota en Google—, y el día que quieras algo que la plantilla no contempla, adaptarla suele salir más caro que haberlo hecho a medida desde el principio.

Gama media: desarrollo a medida

Acá empieza el trabajo hecho para ti: estructura pensada desde tu negocio y no desde una plantilla, diseño propio, SEO técnico de verdad, velocidad cuidada y contenido que puedes editar sin depender de nadie.

La señal de que estás en este tramo no es el precio, es el proceso. Alguien te hace preguntas sobre tu negocio, a quién le vendes y qué quieres que pase cuando una persona entra al sitio, antes de mostrarte un diseño. Si en la primera reunión te muestran una maqueta bonita sin haber preguntado nada, estás pagando gama media por trabajo de gama baja.

Gama alta: sistemas, no sitios

Sobre cierto punto ya no estás comprando un sitio: estás comprando un sistema. Una tienda con pagos, inventario, despachos y facturación; una plataforma que administra el trabajo interno; integraciones con lo que ya usas. El precio deja de calcularse por página y pasa a calcularse por complejidad y por tiempo, porque eso es lo que de verdad se consume.

Un detalle que aplica a los tres tramos: el precio de construcción no es el precio total. Un sitio publicado tiene costo mensual — dominio, hosting, certificado, respaldos, actualizaciones de seguridad. Si un presupuesto no menciona nada de eso, no significa que sea gratis; significa que todavía no te lo han dicho.

Qué preguntar antes de contratar

Estas cuatro preguntas te dicen más de un proveedor que cualquier portafolio. No son preguntas incómodas: quien trabaja bien las responde de inmediato y por escrito.

  1. ¿A nombre de quién quedan el dominio y el código?

    El dominio debería quedar registrado a tu nombre o al de tu empresa, con tu acceso, no a nombre de quien construye el sitio. Y el código debería ser tuyo cuando termines de pagarlo. Si el dominio está a nombre del proveedor, tu presencia en internet no es tuya: es un arriendo del que no tienes las llaves.

  2. ¿Qué pasa si mañana quiero cambiar de proveedor?

    La pregunta de fondo es si otra persona puede tomar esto y seguir. Si la respuesta implica rehacer todo desde cero, no estás contratando un sitio: estás quedando amarrado. Pregunta dónde queda alojado, cómo se accede y qué te entregan el día que el trabajo termina.

  3. ¿Puedo editar el contenido yo mismo?

    Cambiar un teléfono, corregir un precio o publicar una noticia no deberían costar dinero ni esperar tres días. Si cada modificación menor pasa por el proveedor, ese costo se te va a repetir todos los meses durante años.

  4. ¿Qué incluye exactamente la mantención?

    «Mantención» abarca cosas muy distintas. Que te mantengan el sitio en línea, respaldado y actualizado no es lo mismo que hacerte cambios. Pide que esté escrito: qué cubre, cuántas horas de modificaciones incluye al mes, qué pasa si te pasas de esas horas y en cuánto tiempo te responden si el sitio se cae.

Las señales de alerta

Ninguna es prueba de nada por sí sola, pero todas apuntan al mismo lugar: presión en vez de argumentos.

  • Cuenta regresiva permanente. Si la oferta «termina hoy» y sigue terminando hoy la próxima semana, no es un descuento: es una técnica de presión, y el precio tachado nunca existió.
  • «Últimos cupos» que no se acaban nunca. Una agenda real está ocupada o disponible; no está «casi llena» de forma permanente.
  • Trabajos anteriores que no puedes visitar. Pide direcciones que puedas escribir en el navegador y ver funcionando hoy. Una captura dentro de una pantalla dibujada no prueba que el sitio exista, ni que siga en pie.
  • Precio sin alcance por escrito. Un monto sin la lista de qué incluye no es un presupuesto: es una cifra que se puede reinterpretar después, y se reinterpreta siempre en la misma dirección.
  • Plazos que no calzan con el trabajo. Un sitio a medida entregado en 48 horas es una plantilla con tu logo encima. Puede estar bien — si te lo cobran como lo que es.

Entonces, ¿cuánto cuesta?

Depende de qué necesites, pero eso no es excusa para no decir nada. Por eso mis precios están publicados en servicios: los productos con alcance cerrado, con lo que incluye cada uno, y los planes de mantención con su valor mensual. Los montos van en UF, así que significan lo mismo el próximo año que hoy.

No los publico porque sean los más bajos —no lo son—, sino porque tener un punto de referencia concreto te deja comparar cualquier presupuesto que te llegue, incluido el mío. Si después de leer esto contratas a otra persona que responde mejor esas cuatro preguntas, el artículo igual hizo su trabajo.

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